
Las primeras “Universidades de la Tercera Edad” (término que predomina en Portugal)
comienzan sus actividades en el año 1976 en las ciudades de Lisboa y Porto. A pesar de
este temprano inicio, el incremento de este tipo de instituciones se mantuvo muy
reducido. Es a partir de los años 90 cuando se promueve una importante ampliación
surgiendo 30 nuevas Universidades que se extienden por todo el territorio. En la
propagación de esta iniciativa hay que tener en cuenta los cambios políticos sociales
pero sobre todo las iniciativas de carácter municipal y ciudadanas
Por lo que respecta a los “Programas Universitarios” para personas mayores” son un
“espacio de formación” que lleva la marca del “carácter universitario”. Cada
Universidad elabora, dentro de su propia autonomía, un programa específico asumiendo
como referencia tres características básicas (A Requejo, 2003): a) los contenidos de las
diferentes materias deben adaptarse al nivel de formación de los sujetos tratando de
ajustar el rigor y cientificidad de los contenidos a la capacidad de comprensión de los
sujetos (principio de adecuación de los contenidos); b) los profesores deben tener en
cuenta las situaciones específicas del aprendizaje de los mayores (tiempos/ritmos,
motivación) (principio de personalización del aprendizaje); un curso universitarios para
personas mayores no puede ser un curso academicista. Debe completarse con otro tipo
de actividades de carácter sociocultural (principio de integración de lo académico y la
realidad sociocultural).
En este aspecto, estas propuestas formativas son múltiples en España y muy
diversificadas ya que cada Universidad tiene su autonomía para promover su programa
propio de formación dirigido a los mayores. Algunas se centran más en lo académico.
Otras tratan de hacer propuestas que equilibren la formación en el “aula” -adaptada
específicamente para estas personas- con diversas actividades fundamentalmente a
través de “talleres”; y “conferencias” que asumen de alguna forma los referentes de la
intervención de “animación sociocultural” superando el exclusivo modelo
“academicista”.
Estos programas en su conjunto pretenden en primer lugar que los mayores puedan
insertarse en los procesos formativos y de extensión cultural facilitando así el acceso a
conocimientos propios de la vida universitaria y de los bienes culturales en general.
